miércoles, 15 de octubre de 2014

Cómo hacer mercado en Venezuela, parte I



Tenía demasiado tiempo sin escribir. Nadie más que yo lo nota porque ya tengo la bolsa donde guardo todo lo que pienso demasiado grande, a punto de explotar.

Hoy fui al supermercado a comprar unas cosas porque tengo la nevera casi vacía. Una avena, una sopa, y dos papas a punto de expirar es todo lo que la llena. Y no, no estoy pasando hambre porque casi no he dormido en mi residencia.

Agarro vegetales, por dos razones: porque tengo que hacer dieta y porque, a pesar de todo, es medianamente económico. Bueno, no económico porque el kilo de papas está en 110 BsF, que al precio del dólar paralelo es aproximadamente 1,4 $. Eso no está tan mal aún. La cosa es que esos 110 BsF que cuestan el kilo de papas es un 2.4% del sueldo mínimo. En pocas palabras: Todo el dinero que ganas en un trabajo con un sueldo promedio (digamos, 10000 BsF, y siento que es mucho) se te va sólo en la comida. Jódanse los niños y su colegio privado, jódanse los niños (si tienes hijos) y su necesidad de vestirse, jódanse las ganas de divertirte y disfrutar de tu vida, porque no hay dinero para eso.

Y, si eres una estudiante residenciada y desempleada, como yo… Bueno, la cosa se pone un poco más difícil. Me mantienen mis papás aún, y ustedes dirán “pero ¿de qué se queja? La tiene fácil”. Y si me lo preguntaran directamente, me reiría de pura tristeza. Vengo de un hogar donde papá y mamá son profesionales, pero papá no trabaja ahora. Somos dos hermanas y ninguna de las dos aún estamos graduadas. O sea, sólo una persona mantiene a una familia de cuatro. Seis si contamos a los dos perros (yo lo hago, sólo que no lo digo porque la gente piensa que eres una loca de los animales. Y lo eres). En resumen: es rudo. El poco dinero que me envían apenas y me da para cubrir mis necesidades más básicas. 

Me desvié un poco. Decía que iba al mercado a comprar unas cosas. Hice una lista y todo. Necesitaba pan integral, queso, jamón, huevos, algunos vegetales, quizás unas frutas, salsa de soja, ajo y un gatorade que tenía que repararle a mi prima, que también es mi vecina de cuarto.

Empecé agarrando un sobre de nestea pequeño, otro de clight (y de nuevo me siento tan culpable) y el gatorade. Seguí hasta el pasillo del pan y es horrible; están incomprables. Digo ¿Cómo es posible que el billete de más alta denominación no te de ni para comprar pan rebanado? Agarré uno con zanahorias, porque era integral y era uno de los más baratos. Cojo un número de la charcutería. Y estoy muriéndome de hambre porque me levanté tarde y no he desayunado. Sigo hacia la parte de las frutas y los vegetales porque tengo al menos veinte personas por delante de mí para comprar en la charcutería.

El kilo de zanahorias está en 100 bolívares. Y pienso “va a pasar como con las manzanas; ya no las voy a poder comprar más dentro de poco”. Agarro dos zanahorias pequeñas. Y así, básicamente con todo. Escojo lo más pequeño, en la cantidad necesaria. Me resigno a no comprar frutas: hace rato que no lo hago, porque incluso las frutas criollas están con los precios por las nubes. La última vez agarré una piña y sentí culpa por el resto del día. Sólo compro un racimito de cambur y un medio kilo de limón. Esa es toda la fruta que puedo comprar esta vez, y no me quejo. Ya me acostumbré a ir descartando cosas que antes solía comer por gusto. Como las manzanas verdes, que es mi fruta preferida y tengo al menos dos años sin probar una porque el precio es extremadamente alto.

Pienso en mis primitos, que por ser niños necesitan una buena nutrición, y recuerdo la pirámide de la buena alimentación (“trompo de la buena alimentación” si vives en Venezuela)… Según esto, deberías comer de una a dos porciones de frutas al día. Pero ellos no lo hacen, porque el dinero no alcanza. Creo que el cambur es lo que más compran, y es porque es aún accesible. Tal vez unas parchitas para hacer un jugo, o unas guayabas. Una piña si está en oferta. Pero jamás como antes, cuando “éramos ricos y no lo sabíamos”. Me duele, es horrible. El venezolano no está comiendo bien porque el dinero no alcanza.

Y si algún inteligente me va a venir con el argumento de “tenemos una epidemia de obesidad ¿cómo vas a decir que no estamos alimentándonos?” mejor se mete la lengua donde le quepa, porque no es cierto. Si estamos obesos es porque los carbohidratos simples es lo que más comemos ¿por qué? Sencillo: es lo más barato. Sí, comemos pollo y carne. Pero una persona sana no puede comer todos los días pollo y arroz de almuerzo. ¿Es más de lo que tiene la mitad de la población mundial? Por supuesto ¿Y por qué me quejo aún? Porque no tenemos la necesidad de esto, carajo.
Somos un país demasiado rico como para estar haciendo colas de dos horas para comprar 4 rollos de papel sanitario. 

Decía que estaba haciendo mercado. Metí medio cartón de huevos, y al sumar el precio de este (79BsF) con el de el pan (88BsF), pienso “coño, no me va a alcanzar para comprar jamón. Adiós a los sánduches para el desayuno”.  Me resigno a no comprar jamón. Llega mi turno en la charcutería y pido 80Bsf de queso paisa. El que me atiende me dice que hay sólo de búfala y acepto. Eran como 6 piches rebanadas de queso. SEIS. Me deprimo enseguida. Tampoco voy a comer queso en la semana, parece.

Agarro una lata de guisantes pequeña, y me digo que la voy a hacer en una sopa. Luego la devuelvo porque realmente no la necesito para vivir. Está muy cara.

Miro mi carrito, que en su mayor parte son vegetales y voy sacando la cuenta mentalmente. Sólo tengo 600BsF para hacer las compras. Lo bueno es que tengo carne en la nevera y pollo, y harina y arroz, así que de hambre no me voy a morir de hambre.

Pienso en darme un hiper lujo, y sintiéndome la persona más burguesa del planeta, agarro un kilo de fresas congeladas. Me siento súper anárquica y todo.

 “No voy a comer queso, pero sí fresas, jódanse todos”.

Mi rebeldía dura no más de cinco minutos, y piso tierra. Devuelvo las fresas. También devuelvo en pan y los huevos. Probablemente mi prima compre huevos, y podamos compartirlos. Si dejaba el pan y los huevos no me iba a alcanzar.

Al final paso todo, y cuando lo voy a pagar, son 500BsF. Y lo que compré fue puros vegetales, y nada muy exótico. El maldito gatorade que le debo a mi prima me pesa horrores. Y no compré ni pan, ni huevos, ni queso, ni pollo, ni carne, ni galletas, ni jamón. Si vieran mis bolsas, pensarían que las tres bolsitas son para mi conejo. Pero no tengo conejo. Y tampoco me llevo las bolsas porque la tarjeta está bloqueada y no tengo efectivo. Me sonrojo de la vergüenza y salgo del supermercado con las manos vacías y el corazón hundido.

Hacer las compras me genera una ansiedad terrible. Una angustia por el futuro, una tristeza absoluta por el presente.

Y de verdad, no me quejara tanto si supiera que sólo el difícil hacer las compras en el país. Pero no. Es una paradoja, es un chiste malo.

Por una parte, la vida es extremadamente cara. Y por el otra parte, la vida no vale nada. Las morgues de los hospitales están a rebosar, y es un extraño contraste cuando ves los anaqueles de las farmacias tan vacíos. Casi no se encuentra champú, ni desodorante. Y no voy a hablar de la cesta básica porque la cosa se pone peor.

Y aceptara con gusto lo de la escasez y la inflación si pudiese decir: “pero al menos tenemos seguridad”… Pero es una mentira.

Puedo sentir la angustia en las calles. Y ya el optimismo propio del venezolano parece una maldición. Creo que los demás se acostumbraron a vivir así, pero yo no puedo. Me da rabia, me da impotencia. No tenemos necesidad de vivir así.

El día anterior salí con mis amigos y me parece pura magia poder salir de noche. Era como una fantasía. Daba miedo, pero estábamos emocionados y embriagados con la temeridad propia de la juventud.

Vamos a celebrar que María cumplió años. Vamos a arriesgarnos y vamos a salir de noche. Vamos a gastar dinero, reunimos para celebrar el cumpleaños da María. Es una de mis mejores amigas, se merece que bailemos toda la noche y le brindemos unas cervecitas. Estamos vivos en un país salvaje donde cada fin de semana asesinan a 150 personas en las calles, a causa de la inseguridad. Vamos a salir y tomar y bailar porque aún podemos hacerlo. Y eso es motivo de celebración en sí. Estamos mejor que en Siria.

Salí y la pasé bien. Tal vez bebí un poquito más de lo que debía, pero no pasó nada grave. Hace mucho tiempo, como años, que no salía a bailar. Me cohíbo mucho porque nunca tengo dinero para salir. Y porque salir en Venezuela de noche es una especie de suicidio. Si sales en carro y con un grupo grande el riesgo a que te atraquen es menor, pero aun así está.

Una vez leí de Rodrigo Blanco Calderón la frase “Fight for your right to party”, y es tan cierto eso.

Lo del mercado fue esta mañana, y mañana es domingo, así que no hay banco. Y pienso que el hecho que no me pasara la tarjeta fue lo mejor. Hago una lista de compras nueva. Una más corta. Cada vez más restringida.

No es fácil vivir aquí. Quiero ya graduarme y trabajar. Pudiese trabajar ahorita, porque soy mayor de edad, pero si trabajo no me va a dar tiempo de estudiar y mi carrera exige mucho tiempo de estudio. Un buen médico tiene que saber sus cosas.


No es fácil, pero la única opción es seguir. Y esperar lo mejor. Y hacer tu parte. 

viernes, 4 de abril de 2014

La mala indiferencia

Mi Venezuela, tan bella, tan triste y tan indiferente

Ayer hablaba con un primo, también mi mejor amigo, y le contaba mi consternación ante la tranquilidad de algunas personas.

-Chamo, me estoy volviendo loca, pero siento que mi vida como que se paró desde el momento que mataron al primer chamo en las protestas- le confesé yo, algo apenada porque también soy muy exagerada y tiendo a tomarme todo muy a pecho.

Para mi alivio, él me dijo que le pasaba lo mismo.

Los dos comentábamos a través de Skype, pues estamos en ciudades distintas del oriente, que nos sentíamos inútiles.

-Aquí en Maturín la gente sigue como si nada ¿Sabes? Mi tía Gio le dijo a mi mamá, que iba saliendo a una marcha, que para qué iba, que marchando no iba a revivir a ninguno de los muertos. Que arrechera- dice él, y se queda callado. Yo tampoco sé que decir.

Me deja sin palabras cosas como esas.

¿Por qué tanta indiferencia, venezolano, si los mismos problemas por los que yo protesto, te afectan a ti también?

Veo gente que va al cine, a los centros comerciales a disfrutar de un café, y me pregunto cómo lo hacen. Una amiga me dice que no puedo parar mi vida por lo que está pasando. Mi prima mayor me dice que no siga perdiendo el tiempo haciendo pancartas y que me ponga a estudiar.

Pero no puedo hacer ninguna de esas cosas, porque de hecho, mi vida se detuvo y cambió muchísimo cuando Bassil De Costa cayó en el suelo asesinado de un balazo en la cabeza.

¿Los demás, los indiferentes, no piensan ni en Génesis ni en Graldine, que ya no van a poder ir a bañarse a una playa porque las asesinaron por reclamar sus derechos?

¿Los indiferentes no piensas en sus hijos pequeñitos, que probablemente de grandes no van a poder salir tranquilos a la calle? Estamos en un país donde es más probable que te mate un delincuente, que tengas oportunidad de graduarte. Y a la gente parece no importarle.

Yo cuando estoy comiendo me pregunto si los chamos de Caracas, esos encapuchados temerarios, ya comieron, o si han dormido. Ellos están peleando por lo mismo que protesto yo, igual que todos esos que fueron asesinados durante las marchas y concentraciones. Y a la gente parece no importarle.

-No es que no me importe- me dice una amiga muy querida- Es que no puedo paralizar mi vida, tengo demasiadas cosas que hacer.

Cosas como ir al gimnasio y visitar el cine con su novio.  

Y eso me molesta, pero no se lo digo. Porque no puedo obligar a la gente a protestar o a dedicar cada minuto de su vida a la causa. No puedo obligar a la gente a pensar que esto es serio, que no estás perdiendo el tiempo protestando, sino estás haciendo consciencia, estás despertando a personas, estás construyendo un país dentro de las mentes y los corazones de cada venezolano.

Ojalá ellos supieran lo importante que es cada uno, como voz, como fuerza. 

Y quiero sacudir a mis amigas, gritarles cosas como “pendeja, no te sirve de nada el título si mañana te matan mientras vas a trabajar”.  Y quiero sacudir a cada venezolano que se queda en su casa, mirando la protesta a través de fotos desde su celular porque estaba cansado, porque no había comido, porque tenía flojera, porque cree que no se hace nada marchando, porque hace mucho sol, porque está lloviendo, porque está estudiando, porque va a salir más tarde con unos amigos, porque, porque, porque. Son tantas excusas y tan poco esfuerzo.

No entiendo cómo quieren que las cosas mejoren si no hacen nada diferente. También entiendo que hay gente que tiene trabajo y responsabilidades con su familia, que no tienen tiempo para marchar.


No te estoy pidiendo que vayas a guarimbear. Pero si tienes tiempo para echar una dormidita, tienes tiempo para escribir en un papel algún tipo de protesta y pegarla en cualquier muro de tu ciudad. Llévale comida a los chamos que protestan. Colabora con tinta o papel para hacer volantes. 

No te quedes callado, y haz algo. Necesitamos tu ayuda, y la necesitamos ya. Lamentablemente no basta con que seas opositor. No basta con que tuitees cosas en contra del gobierno. No basta con que pites y sonrías cada vez que pasas al lado de unos manifestantes. No basta con que lleves la gorrita de Venezuela a todas partes. No basta con que reces por la paz. Necesitamos de tu mano y de tu voz, no seas indiferente, por favor. Tu indiferencia está acabando con mi país.


 También su país.

domingo, 16 de marzo de 2014

Crónica de una protesta pacífica

25 de Febrero. 6 de la tarde.



Ese día no voy a marchar temprano, sino que voy a la concentración más tarde, cuando los guardias se cansaron ya de echarle gas a los de la marcha del mediodía. Voy a llevarle unos panes a una amiga que no ha comido nada y que estaba escondida en una residencia. Se llevaron a varios estudiantes detenidos. Hay un par de heridos de perdigón, y un guardia golpea en la cara a una muchacha que se detuvo a ayudar a alguien que se cayó. 

Los guardias nos quitaron el puesto. Arrancaron la bandera de Venezuela que adornaba la calle, se comieron la comida que la gente nos llevaba, se tomaron el agua, nos robaron los termos. Se ríen de nosotros. Hay dos camiones blindados apostados en el medio de la intersección y una línea de guardias con equipo anti motín.

Esperábamos a que trajeran a los chamos detenidos. Los liberaron, y ellos regresan al lugar de concentración entre gente que aplaude y canta el himno nacional. No sé, los acaban de soltar y regresan al hervidero, son valientes, me parece.

La tensión se siente en el ambiente. Nadie se mueve, aunque el trato con los guardias fue ese: que nos íbamos cuando liberaran a los detenidos. No nos dieron ni media hora después de eso. Todo estaba tranquilo cuando alguien grita.

-¡Están cargando, corran!

Y es un caos.

La gente empieza a correr, pero no se escucha estallidos. Esta vez corro, sin pensarlo. Entonces se escucha las bombas ser detonadas. Caen por todas partes, son latas que echan humo. Se ven hasta bonitas, extrañas, cuando vuelan por encima de la cabeza, como si no fueran a hacerte daño. Es primera vez que me pasa esto, y por eso pienso inocentemente que si no me toca el humo, no me hace nada. Es mentira.

Siento que como si me hubiesen echado picapica en la cara, ligado con pimienta y agua hirviendo. Siento que se me queman los ojos, la garganta, la nariz. Las lágrimas me nublan la vista, toso como loca, moqueo. No suelto la gorra tricolor que llevo en la mano porque es prestada, y mi prima no sabe que me la prestó.

Nos escondemos tras un local de un centro comercial cercano. Una bomba lacrimógena nos cae al lado. No puedo ver a la gente, la picazón es horrible. Gente que tose por todas partes, llora y moquea como yo. Estamos desesperados por salir. Por fin puedo sacar el vinagre del bolso y le doy a los que alcanzo. Creo que eso hace más daño; no lo diluí. Siguen echándonos más bombas y todavía no entiendo por qué. Estoy segura que de nuestro lado nadie se puso violento.

Saltamos un paredón. Encuentro a un conocido, y me le pegó atrás. Pasamos por una zona llena de monte, a ciegas porque ya no hay sol. Terminamos en una calle donde las casas nos abren las puertas. Una señora nos deja entrar, nos lleva al patio y apaga las luces. Somos como diez personas escondidas. Hay dos señoras mayores que lloran.

Cuando pregunto por qué nos atacaron, nadie sabe la razón.

-Porque les dio la gana. No les tiramos ni una piedra- suelta un chamo que aún lagrimea.

Nos dan agua, nos hacen callar. El aire está picoso aún. Siguen las bombas. Y empieza a oírse detonaciones de otro tipo. Son secas, dan miedo.

-Mierda, están echando plomo- susurra alguien.

Una muchacha llora a mi lado, diciendo que no pudo ayudar a una mujer que se cayó mientras corría.

-Si me detenía me iba a desmayar- gimotea.

Hay motorizados y más tiros. No sé si son perdigones o balas. Llaman por celular a alguien y le dicen que la guardia intenta entrar a las casas para llevarse a los manifestantes, que no salgamos de donde estamos.

Una hora después, cuando la cosa está más tranquila, salimos de la casa, avanzamos unos metros hasta que unos jóvenes de un edificio nos abren la puerta y nos metemos ahí para esperar al resto de mi grupo.

Mis amigas tienen la cara roja, la camisa sudada.

-¿Qué pasó? ¿Por qué nos bombardearon?- pregunto, aún atónita. Es como cuando tu hermano mayor te golpea sin razón.

-No sé, no hicimos nada- responde alguien.

-Ellos sólo reciben órdenes. Si desde arriba les dicen “denle gas a esos pendejos para que se vayan”, ellos lo hacen así estemos tranquilos- dice uno de los chamos del edificio.

-Qué desgraciados. Y aparte destrozaron el puesto, los toldos, todo. No les importa un coño. Como si fuésemos malandros, nojoda- suelta otro.

-Yo pude tirarles una piedra, pero creo que le dio  a alguien que venía huyendo- dice el joven de quien me agarré cuando saltábamos el paredón, y eso afloja un poco la indignación y reímos, aún nerviosos.

-Una chama se desmayó antes de saltar el paredón, y la dejé ahí, me dijeron que siguiera rápido. Es como si hubiese dejado sola a alguna de ustedes- dice una de mis amigas, y se le aguan los ojos.

Recuerdo que antes del estallido, vi a varias señoras mayores atrás de mí. No recuerdo haberlas visto corriendo, y me pregunto si pudieron saltar el paredón, o si se desmayaron. Me siento mal por no haberme quedado para ver qué fue de ellas, pero recuerdo también que no era muy consciente de lo que hacía. El instinto de supervivencia es una vaina arrecha.

Yo estoy tosiendo mal, me duele el pecho y parezco una fuente de moco. Hace siete años no me da asma, y ahora no sé qué le voy a decir a mi mamá cuando pregunte el porqué de mi pecho apretado.  Aún no puedo creer lo que pasó porque siempre pensé que los guardias no te hacían nada si tú no les hacías nada primero… pero es mentira. Lo hacen. No les importa hacerlo. Es tal su indiferencia y su indolencia.

No me importa si hacen su trabajo. Porque de hecho, ese no es su trabajo. Su trabajo no es echarle gas y perdigones a una manifestación pacífica.

Pero lo hacen. Y disparan perdigones a quienes huyen. Y golpean a gente que se ha caído. Y golpean a quien venía caminando tranquilo. Y patean a quienes han disparado. Y disparan a quienes están indefensos. Es una locura. No respetan la vida, menos la integridad. Nosotros no somos sus enemigos, pero nos tratan como parias.

Ahora no me da miedo refutar a cualquiera que diga que no había marcha pacífica, "porque si no, no hubiesen actuado los cuerpos de represión".

-Es mentira- comienzo úrica, indignada. A mí no me pasó nada, pero recuerdo los testimonios de otras personas y es como si me prendieran fuego.

Y más o menos así me siento por estos días, y no soy la única. Somos bidones de gasolina andantes, estamos sensibles, coléricos, desafiantes, indignados e impotentes.

Y lo que me pasó a mí, y lo que pasó en Ciudad Bolívar, NO ES NADA EN COMPARACIÓN A LO QUE HA PASADO EN OTRAS PARTES DEL PAÍS.

La guardia nacional ya no es guardia nacional. Ya no guarda a ninguna nación, sólo resguarda a su gobierno, como lo veo yo.

Y quien dude de eso, que le pregunte a los heridos. ¿Por qué disparan a quemarropa?  ¿Por qué golpean a quienes huyen? ¿Por qué carajos un guardia nacional lleva una 9 milímetros? ¿Por qué la dispara contra manifestantes que huyen de ellos? ¿Por qué cubren y protegen a paramilitares armados? ¿Por qué hay paramilitares armados? No está bien. Y el gobierno lo minimiza, lo justifica, lo tergiversa y dice que las heridas no son graves, y dice que estamos exagerando.

¿Estamos exagerando? ¿Los 28 muertos son una exageración? (Cuando escribí esto habían 22 muertos, he tenido que poner el ocho, y duele) ¿Los centenares de heridos son una exageración? ¿Los 1000 y pico de detenidos son una exageración?

En Venezuela estamos en crisis, y el gobierno trata de taparlo.

No es hora para que te quedes callado.

Grita, reclama, protesta. Mereces un país mejor. No esto.




DESPIERTA.


miércoles, 21 de marzo de 2012

Fuego Azul

El nombre de la entrada parece algo más profundo, pero ni por asomo lo es. Es el nombre de una canción que tengo bien pegada y ya. Es que no me gusta dejar las cosas sin nombre.

Cosa bien fastidiosa, porque resulta que hay cosas que simplemente no tienen nombre, ni explicación. Hay cosas que si le buscas el nombre y la explicación, se mueren sin haber nacido. Y no puedo hacer eso. No puedo simplemente poner mi mente en "piloto automático", y que pase lo que tenga que pasar.

No puedo. No vino en mi ADN.

Tengo que matar relaciones y sentimientos a fuerza de estudio y disección.

Si fuese hombre, quizás esto no pasaría. No pasaría porque son prácticos y no se enrollan (por lo que al final siempre terminamos enrolladas nosotras), y hacen lo que les tocó, y ya. Si fuese hombre, también orinaría parado.

Y si fuese hombre, sería el mas puto de todos... Dios sabe por qué no me dio un pene.


Siempre espero a que me pase algo fantástico, gracioso, o con alguna carga de sabiduría para escribirlo aquí... Pero no sé, o se me olvida o no encuentro cómo escribirla, así se va llenando este espacio de telarañas. Y luego dije: "Que importa, escribiré lo que sea. Todos saben que no sé escribir"... Y así fue como terminé dejando otro libro por la mitad, un dibujo sin comenzar, y el cuarto a medio limpiar.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Me jodió, y no de la buena forma

Al final, mi ex me visitó. Luego de asegurarle que no pasaría nada (nunca más pasó nada entre nosotros luego que rompimos), que estaríamos en calidad de amigos. Él tenía miedo de verme, pero no sé por qué. Así que le prometí una mañana de amigos normales: ver tv, comida, hablar.

-Nosotros nunca hemos sido amigos normales- me dijo una vez, y es cierto.

Todo transcurrió normal. Hice panquecas de cambur, casi no comí yo, él se comió dos. Y luego nos echamos a ver tv. Yp haciendo zapping, nerviosa, y él cansado porque no había dormido nada.

Basta decir que siempre mentí, y que mis intenciones nunca fueron buenas. Quería tenerlo, no me importaba ser la otra. Me excitaba el hecho que quisiera a su novia y le fuera infiel conmigo.

Lo llevé a mi cuarto, para que durmiera, y al final terminamos los dos echados, hablando. Cada vez más cerca, cada vez sin miedo a tocarnos, hasta que nos besamos, y bueno...

Y salir de ese cuarto, mi cuarto -y la estúpida cama que siempre me va a recordar a èl y su olor, y su tacto- fue como borrar lo que pasó. Su frialdad me dejó perpleja. Dijo que esa era la primera yla última vez que iba a pasar eso.

-No entiendes que quiero a mi novia, y que ella me importa- me dijo más tarde.

Y me provocó gritarle, patearle las bolas, y verlo rogar como una nena. Pendejo, estúpido. ¿Por qué no lo dijiste antes?

Yo pensé que aún me quería, y que si me tocaba y me besaba, era porque sentía cosas por mí, y no que lo hacía por hacerlo nomás.

Felicito a los que son así de fríos, deberían meterse a la política.

He llorado en estos dos días más de lo que he llorado en un año. Y todo por mi culpa, por creer que él sentía algo por mí, por creerme inolvidable e insuperable. Qué estúpida, orgullosa e insegura.

domingo, 19 de febrero de 2012

Me faltan los gatos

Me estoy volviendo la solterona, LA solterona. Así mismo, viendo películas de Julia Roberts comiendo chocolates, llorando, con una chaqueta de mi papá.

 Patética, les digo.

No es que me esté muriendo por tener un novio. Nunca he sido de esas chicas que están mal por no tener compañero/peoresnada/chofer. Siempre me he jactado de ser independiente, de no necesitar de nadie para seguir (excluyendo a mis papás, que me pagan mis estudios). Como sea.

Últimamente he añorado mucho eso. La complicidad, las gestos tiernos, la compañía, el sentirse protegido, los encuentros donde sólo domina la parte instintiva y primitiva del ser humano. Los labios contra labios, labios contra piel, piel contra piel, aliento contra piel.... Y todas esas cosas.

Anhelo mucho eso. Sobretodo la compañía de alguien con quien hablar de temas afines entre besos. Tal vez cocinar algo, una siesta obligatoria, leer algo de Allende recostada en su panza, hacerle cariñitos en la espalda, y molestarme porque me quita la sábana a veces.

Hablar de todo y nada mientras fumamos, su risa de niño. Sus ojos oscuros....

¿Y a quien quiero engañar?

Lo extraño a él, a mi ex. Quien está felizmente con otra, probablemente tirando como conejos. Ash, malditos.

He llegado al punto de pensar que cualquier relación me vendría bien.


Porque prefiero sentir cualquier cosa a no sentir. Porque no sentir es como estar muerta. 

sábado, 3 de septiembre de 2011

No es, pero se parece a veces.


No sé por qué últimamente me ha dado por escribir cosas relacionadas con el amor. El puto amor.

No soy romántica… O tal vez si, pero no lo demuestro. 

Este post no es para hablar del amor en si… Sino de lo que está cerca de él, o así parece. 

Como escribí antes, nunca me he enamorado. Si he querido a chicos, pero tampoco tanto. Y más que querer, era esa necesidad de tenerlos a mi lado porque… si. No había otra razón. No los amaba, pero los necesitaba ahí. ¿Egoísmo? Puede ser. ¿Egocentrismo? No digo que no.

No era amor… Era necesidad de sentirme importante. Y más de una vez, herí a más de uno sólo por el placer egoísta de saber hasta que punto puedo llegar a influenciar en una persona; hasta que punto pueden aguantar ellos por su supuesto amor. Suena mal, pero así lo sentía. Rechazarlos, para luego llamarlos y ver que ahí estaban para mí era algo que me hacía sentir segura.

Mi ex, por ejemplo…. Pobre chico. Vivió conmigo mis peores momentos mientras que yo lo trataba de la patada. Era estúpida y sumamente insegura. Y necesitaba demostrarme que por más mal que hiciera las cosas había alguien que me quería así. Hasta que me cansé de sentirme culpable (o me aterré porque no quería enamorarme, porque sabía que él valía la pena), y rompimos.  Y creo que si pudiese retroceder el tiempo, lo trataría como se lo merecía. Le diría lo que callé en ese momento, y le daría los besos que me aguanté.

No entiendo a veces como las personas no nos conformamos y disfrutamos con las cosas buenas que nos pasan. Es como si nuestro equilibrio no estuviese bien si no estamos a veces mal. Creo, como buen cliché, que necesitamos perder, una y otra y otra y otra vez para saber lo que queremos y darle el valor a las cosas.


Y así. Me voy a dormir que ya me están dando ganas de escuchar Camila con este tema, ay :( 

jueves, 2 de junio de 2011

Estos niños de hoy...

En estos días me pasó algo gracioso. Estaba en la parada del bus, tomándome una malta de lata. Al lado mío estaba una señora con su hijo como de cinco años. Hubo un momento en que me distraje y por alguna razón, baje la mano de la lata de malta, y cuando bajo la mirada ¡El niño se bebía mi malta! No fue que me la quitó, sólo puso su boquita en el pitillo (pajilla), y succionó, y succionó, y succionó. ¡Que descarado el sute ese!

Yo no dije nada. Primero, porque es sólo un niño, y la cosa fue inocente. Segundo, detesto los escándalos. Tercero, soy una pendeja. Cuarto, Está su mamá ahí, es ella quien tiene que llamarle la atención. 

Cuando la señora se dio cuenta, se echó a reír. Y yo también, fue gracioso. Luego, la tipa medio regañó al pequeño (ay no, fulanito, eso no se haceee). Y el niño ni se avergonzó. Yo le pregunté si quería más, porque ya con baba de niño pues yo no quería la bebida. Y el carajito se bebió el resto como si nada. La señora se rió, me agradeció y se fue.

Oigan, si hubiese sido un hijo mío, le doy su pellizco. ¿Qué educación es esa? ¿Luego que será? ¿Le agarrará el tetero a una bebé indefensa? ¿Su pancito a una anciana? NO. He visto al encantador de perros, y a los niños NO SE LES EDUCA ASÍ.

En mis tiempos, yo no era así. De hecho, mis papás me llevaban a sus clases (si, mis papás me tuvieron siendo estudiantes. Si, se comieron el pastel antes) porque me portaba excelente en cualquier lugar.

Se preguntarán ahora cual fue su formula mágica para haber tenido una hija tan perfecta (hasta los 12, ahí me perdí). Si, eso. Regaños y una que otra nalgada. Siempre fui de naturaleza tranquila, pero ya saben, niño es niño.

A mi me pegaron, pero supongo que a la mayoría de mi época también. Claro, lo bueno es que mis papás (o mi mamá, porque mi papá nunca JAMÁS me pegó) no eran unos bárbaros brutos que golpean sin medir ni donde. A mi me daban nalgadas y de vez en cuando un manotón en el  brazo. 

Como sea.

Recordar eso, no me da rencor. Ni estoy traumada. Ni nada. De hecho, creo que de no haber sido por los castigos y las reprimendas, no fuese lo que soy hoy. Porque por cada castigo, había 4 refuerzos positivos cuando hacía las cosas bien. Y amor, y muestras de cariño, y valores. Sobretodo valoresPuedo decir que soy afortunadísima porque me tocaron buenos padres. Aunque no son perfectos, me educaron bien.

No les digo que ahora soy perfecta. Soy  impulsiva, floja, cínica, grosera (de decir groserías), y otras cosas más. Pero soy respetuosa, amable, fiel, honesta, y a veces hasta obediente. ¡Eh, casi soy buena gente!

Ahora veo, por ejemplo, a mis primitos de 3,5 y hasta 8 años… Y… mmm… Bueno, no estoy segura. Sé que son niños, pero insisto que a veces les hace falta mano dura. Pero de es mano dura que no pega, ¿Se entiende?

No estoy de acuerdo ahora con la violencia. Pero hay formas de hacerlos aprender que está bien y que mal. Me choca ver a mi primita de 4 años llorar… no, llorar no, BERREAR, porque no le quise dar un vaso de vidrio porque es por su seguridad. ¿QUEJESO? Ahora lloran y patalean porque no se les da lo que piden.

O los regañan, pero luego como que se les olvida y les dan algo, como un premio. Y no sólo en mi familia los niños son malcriados y llorones (y bellos y cariñosos a veces, por eso los adoro), sino en muchas muchas más de lo que es admisible.

A veces no son niños, son pequeños monstruos destructores y gritones. A mi me gustan los niños, de hecho, me gusta para especializarme la pediatría… Pero hay unos que no son niños, son… feos, de comportamiento, digo. Y ya no les enseñan el respeto a los mayores, ni a los animales o a las cosas ajenas. Simplemente hacen lo que quieren “porque yo quiero”. Más de una vez les he metido un zape para que se comporten, y no me importa.

Y me da terror ver que se puedan convertir en esa gente que hace lo que le viene en gana sólo porque puede. Las cosas no son así. No puedes tomar lo que quieres sólo porque te provoca, no puedes tener todo porque se te antoja, no puedes tratar a la gente mal ni denigrarla porque no es como tú. Y a veces veo a estas niñas feas (que son bonitas) y que rechazan a las demás y son crueles y egoístas, y lo que me provoca es meterla en “la caja de la vergüenza” por días. ¿Esas son las futuras Reginas Georges (Mean Girls, para los que no recuerdan) del mundo?

Cuando tenga hijos…. Yo se los daré a mi mamá para que me los eduque.  Así sé que aunque no serán perfectos, al menos aprenderán a ser ciudadanos más o menos responsables como ella. Y si tienen, al menos, el 30% de su coraje, de su creatividad, inteligencia; más el 40% de la humanidad, bondad, calidez, y honradez de mi papá, serán una buena inversión, ¿no?

Oigan, no se los daré a mi mamá, es broma. Bueno,  no todo el tiempo los tendrá ella. A veces yo también.

En fin. Y ustedes, que opinan?

lunes, 25 de abril de 2011

Contando horas

... Para que? Ni yo misma lo sé. Sólo quise ponerle así a la entrada.


He dejado el blog abandonado porque... Ashfg, a nadie le importa. 


A pesar de que tengo 20, me di cuenta de que sigo viéndome como una niña. Me da pánico crecer, como muchos. Y como muchos (casi hasta hacerse cliché), me aterra enamorarme. Curiosamente, creo que no me da miedo salir herida. Simplemente me da miedo depender y necesitar a alguien, siendo yo tan creída y autosuficiente. Me aterra extrañar a alguien.






Por eso, he rechazado cuanta oferta de relación seria que se me presenta, a pesar de que quiero querer. De verdad. Y no entiendo el por qué de mi miedo si yo también quiero amar. Y tengo derecho, tampoco es que el karma me tenga puesto el ojo, creo yo. Pero esto no tiene que ver con karma. 


Desde hace un par de meses, me veo con alguien. Tranquilos, no me voy a poner a describir sus ojos, o su cuerpo. Sólo sé que lo más sexy que tiene es su cerebro. Aunque a veces sea algo existencialista... Pero siempre me gustaron las causas medio perdidas, que se le hace. ¿Masoquista yo?, no digo que no. 


El hecho es, que desde el principio le dejé las cosas en claro: Nada serio. Ninguna regla. Lo que se diera... Pero nada serio. 


¿Lo bueno? Besa genial, y sus manos hacen marav... ejem, ejem. Lo bueno es que como no somos novios, y ni siquiera estamos saliendo, cada quien hace lo que le venga en gana y no tiene que rendir cuentas. Somos free, yupi. Él me ha hecho olvidar casi por completo ese amor tóxico y no correspondido del que estuve prendada como garrapata un año (Esta parte me asusta). 


¿ Lo malo? Descubrí que soy una loca celosa (que lo oculte no le quita lo grave). Me molesta cuando me dice que va a salir con alguna amiga, o me pongo toda friki cuando no responde los mensajes, y a veces quiero saber todo el tiempo lo que hace. ¿Quien se iba a imaginar que alguien tan dulce como yo iba a tener esa vena obsesiva?


¿Lo feo? Vivimos a una hora de distancia, y es una relación clandestina porque es amigo de un familiar. No, no es el mismo del post pasado... Pero estos dos también son amigos. (juro que no fue premeditado, las cosas se dieron... Maldito twitter). 


Pensándolo bien, lo de clandestino es divertido.


Como sea, a pesar de que las cosas entre nosotros están "claras", y tenemos presente que todo es casual, me conozco. No me enrollo con cualquiera. Me tiene que gustar muchísimo, aunque no lo admita. Ojalá pudiera estar segura de que las cosas se van a quedar en el rango de lo casual, pero no lo sé. 


Una fantasía que siempre tuve fue tener algo clandestino, muy "sólo físico" como para evitar complicaciones... pero que vá. No lo quiero... Pero alguien así es querible hasta para mi, que soy quisquillosísima. 


Lo de enseriarse simplemente en este momento no está en mis planes. Quiero enfocarme en mis estudios. Además vivimos en ciudades distintas. Él trabaja, yo estudio y me la paso ocupada más tiempo del que puedo decir. Una relación de fin de semana no me gusta para mi. No creo en el amor a distancia. Y no, no son sólo excusas.

Pero me da miedo... ¿Y si él se cansa de esto? Sólo pensarlo me entristece más de lo que es sano


El tiempo... El tiempo una verga. Ya veré que hago.


Y bueno, eso. Esto parece más una carta a una revista del corazón que otra cosa, pero es mi blog y escribo lo que quiera. 


Un beso.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Estupideces del amor, o de lo que se le parece mucho.

Pasa que me harté. 


O sea, ¿de verdad me van a corresponder cuando tenga 60 años y ya no pueda ir a la playa y correr sin que me falte el aire? ¿Hasta cuando esta sensación en el pecho de "no soy buena para nadie" va a estar? No quiero caer en autocompasión, pero estoy molesta, confundida y dolida. 


Ayer, vi a Mario. Últimamente estoy sabiendo mucho de él porque lo tengo entre mis contactos de BB y cuando actualizo algo, me hablaba. Digo en pasado porque casi ya no lo hace. Como sea, hace 2 días me dijo para ir al cine, comer sushi y salir con otra gente. Yo bien, emocionada, aunque no fuéramos solos ni en plan de cita. Algo es algo, no? Algo, lo que sea, así sea migajas, es mejor que nada, no? 


Bien. Fui con otras personas al lugar de encuentro. Él estaba con otra chica esperándonos ahí. No sé si eran algo, pero me dolió. ¿¿¿O sea, hasta cuando??? Al final, terminamos en casa de mi primo, viendo una mala película. Me ignoró prácticamente todo la noche, ni me veía. 


Eso no hace mas que magullar mi ego, mi estima por mi misma... Y si hay algo en este mundo que odio, es eso. Que por un imbécil una deje de verse como es. Pero no lo puedo evitar, no dejo de preguntarme que de malo hay en mi que hace que no le guste a él. 


Me molesta, conmigo, con él. Es la segunda vez que le digo a alguien que me gusta y salgo rebotada, rebotadísima. Es la segunda vez que expongo mis sentimientos y los dejan así, sin siquiera verlos. Estoy harta de quedarme yo, entre mis manos extendidas, y esperar, y esperar.


No quiero seguir sintiéndome así.
No quiero quererlo.
No quiero pensarlo. 
Quiero olvidarlo. 


¿Pero como hago? Cada vez que creo estar mejor, aparece, y me vuelvo blanda como una gelatina. Hace que me sienta mal, hace que me confunda. 


Quiero, por una puta vez, querer a alguien que me corresponda. 


Querer a alguien, a veces, simplemente APESTA. Porque cuando quieres, es como darle el control remoto de tus emociones, es como decir "te quiero, por eso, y aunque no lo quiera, puedes hacer con mis sentimientos lo que te venga en gana". Y yo no soy así, yo no me dejo pisar por hombres....


Pero él... El ha sido una maldición. No dejo de pensarlo, y de pensar "qué hubiera pasado si...". Y es estúpido, porque estoy segura que se acuerda de mi sólo cuando me tiene que saludar porque está con mi primo. Es estúpido, e ilógico. 



Pero soy así a veces, estúpida e ilógica. 


Asssssshhhhhhhhh!!!!!!! Odio estar así. 

sábado, 4 de diciembre de 2010

Mi papá, Mowgli.


Siempre me ha gustado pensar que mi papá es una especie de Mowgli moderno. Mis papás, son veterinarios, así que desde que tengo uso de razón, en mi casa hemos tenido toda clase de animales. Ok, no toda clase, pero hemos tenido peces, iguanas, tortugas, aves, perros, gatos, hamsters, e incluso tuve una vez un búho bebé que se había caído de su nido. Y desde siempre he sabido que mi papá tiene algo… un no-sé-qué que hace que los animales lo quieran. No, lo quieran no, LO AMEN.

Es algo extraño y maravilloso, pero animal que llega a mi casa, animal que se rinde al encanto de mi progenitor. Les cuento los ejemplos.

Simón era un lorito cara sucia como este,
 que le regalaron a mi papá. A él siempre le han gustado las aves domésticas, pero a mi no porque prefiero verlas en el cielo y no en una triste jaula. Ajá, Simón, desde que llegó seguía a mi papá a donde quiera que éste fuera. Cuando mi papá llegaba del trabajo, el lorito trepaba por su pierna hasta su hombro y ahí le daba unos “besitos” en la oreja, o se la picaba con amor, como quieran llamarlo. Este loro, odiaba a mi mamá. En serio. La odiaba! Cuando mi mamá se acercaba a mi papá, el loro le volaba encima y la picaba. Era malo el pajarraco ese! A mi no me gustaba, no me quería a pesar que lo alimentaba, el muy ingrato. Simón un día voló muy alto y jamás regresó, snif.

Otro ejemplo, son otros loros, como este de la derecha.
Quisimos ser regionalistas y le pusimos Churú y Merú, como la caída de agua. Estos si eran unas bestias y no daban besitos. Se limitaban a picar todo lo que pasase por el límite de su jaula; fuese pan, papaya o dedos cariñosos. Eran malos! A mi nunca me gustaron tampoco. Sin embargo, estos animales reconocían la voz de mi papá cuando éste llegaba a casa porque empezaban a chillar como locos. Y a lo único que respondían era cuando mi señor padre los llamaba. A pesar de lo salvaje que eran, volaban dócilmente hasta las manos abiertas de mi Mowgli.

El último ejemplo, es Honey, nuestra Doberman miniatura, una cuchitura como esta (pero mil veces mas linda: Tiene ya 6 años, y me la regalaron a miiiiiii…  A la muy ingrata no le importó las noches que me desvelé dándole tetero, o cuando la acostaba a mi lado porque lloraba aún siendo una tierna cachorrita. Simplemente cuando conoció a mi papá, se olvidó de los demás. Ahora, parece la sombra de mi Mowgli. Cuando mi papá duerme en su cuarto por las tardes, ella hace lo mismo del otro lado de la puerta. Cuando mi papá está de viaje, se deprime. Emmmm, si, los perros se deprimen: no comen y duermen mucho, o se limitan a estar acostados sin hacer nada. Honey se ganó el amor de mis padres desde que llegó a mi casa.

Mi mamá, que nunca ha pasado de acariciarles la cabecita a los perros, abraza a Honey y hasta le habla como bebé. A mí nunca me habló así, snif.

Ahora, no sé quien enamoró a quien. Si mi papá a Honey, o ella a nosotros, porque la verdad nunca he querido a un animalito tanto como a ella. Es chiquita y negrita, y sus ojos enormes me dan risa. Cuando estás solo, te acompaña, a menos que esté mi papá en casa que ahí si no tiene ojos para nadie más. Ella no resiste que alguno este sentado o en la compu porque ahí mismo empieza a gemir para que la suban a la piernas. Y cuando me duele el vientre y me siento con la cabeza entre las manos, ella pone su pequeña cabecita en mis piernas y me mira con esas metras de ojos, como diciéndome que no estoy sola. Parecerá loco, pero creo que lo único que le falta es hablar. A Honey le gusta jugar con piedras, buscar ratones, morder huesos, y comer maní. El único truco que pudo aprender fue a sentarse, y se lo enseñé yo... Tampoco eso lo recuerda cuando está mi papá, la malagradecida.

Todos los animales que llegan a mi casa, terminan comiendo, literalmente de la palma de la mano de mi papá. Es como si su voz los calmara, como si fuese un encantador de animales. Es increíble! Ojala yo heredara eso, pero no. Por lo menos los perros no me odian… Los caballos si… pero esa es otra historia.

Todavía no entiendo como hay gente que maltrate a los animales, si estos no hacen más que darte cariño y compañía cuando tú le das un mínimo gesto de amor. Recuerdo que cuando nuestra perra se hacía pipí o de la 2, teníamos que darle con un periódico para asustarla. En realidad, sólo la medio tocábamos porque nunca tuvimos corazón para pegarle. Aún así, luego de regañarla, tú la llamabas y ella iba solícita, con el poco rabo entre las patas. Ya va, a ella no le llega el rabo a las patas.

Como sea, siendo los gatos y perros animales tan nobles, veo injusto, monstruoso, bárbaro, bajo, despreciable y desalmado que alguien los lastime. Ellos no se pueden defender. De hecho, todos nosotros deberíamos ser sus voceros y parar el maltrato hacia ellos. Ni hablar de otras especies que están en peligro de extinción.

Viendo el daño que le hacemos al planeta y a los seres que habitan él, no veo por ninguna parte lo que nos hace superiores a otras razas.

Empecé hablando de mi papá y terminé hablando de esto… Pero no me importa, nunca está demás defender tus ideales, no?


Besos a todos! Y gracias por los comentarios!

jueves, 18 de noviembre de 2010

Estúpida película

Como esta de paro mi facultad, he tenido más tiempo libre de lo que es sano. Así que reparto mi tiempo entre mis amigas, leer y ver películas. 

Con mis amigas, siempre disfruto mucho. Están muy locas, y cuando nos juntamos, es el manicomio. Generalmente, hablamos, fumamos, tomamos mate y hablamos un poco más. Siempre hay un nuevo cuento -o chisme-, siempre hay anécdotas y cosas que decir. 

Cuando estoy sola, leo. De último he quedado enganchada con la Saga de los Juegos del hambre, de Suzanne Collins. Está muy MUY bueno, de verdad lo recomiendo. Yo voy por el segundo, la mitad... Y aunque lo he dejado de lado un poco, quiero seguirlo leyendo. 

También, a veces veo películas. No es que yo sea romántica.... Pero me gustan las películas de romance. Sobretodo cuando hay humor de por medio. Sin embargo, por cosas del destino, terminó cayendo entre mis manos "Paranormal Activity"... Y diije "Ok, por qué no?".... Grave error




No soy de películas de terror. No me gustan y punto
. Si, soy cobarde, y? O sea, cobarde cuando me quedo sola porque para otras cosas soy más lanzada. Hay una araña, la mato. Una serpiente, lo toco. Un perro, bailo con él. ¿Lanzarse de un puente en benji? Muerta de la risa lo hago, pero aún no he tenido el chance. Me meto en aguas profundas, escalo rocas, me monto en árboles, salvo a los huérfanos del incendio.......... Pero déjenme sola luego de haber visto una película de terror y huiré como una nena llorona. 

No me gustan! No lo puedo evitar! Yo duermo arropada desde la cabeza a los pies. Y soy de las que cuando escuchan algún ruido extraño cierra los ojos y empiezo a cantar el padre nuestro. Me llaman la atención las películas, pero no las veo porque luego no puedo dormir. Despés de ver el aro, pasé un raaaato viendo manos en pocheras de agua grandes... Imagínense.

Ayer, me armé de valor y metí en la pc el dichoso DVD. Ok, todo bien. Pensé "Esto es un pan". Es más, la película termino y estaba yo pefecta! Incluso musité un "mierda de película" porque de verdad me imaginaba algo mas "Necesitaré una lobotomía para olvidar esta cosa tan horrible". Y no fué así. Lo que más me dió miedo fué cuando la gente dormía y la sábana se cayó sola. 

Eso es de día. De noche, fué lo peor. 

Me puse a leer, y a cada rato bajaba el libro y veía debajo de la cama. Me moría de sed porque no me atrevía a ir a la cocina toda oscura. Puse la radio porque me siento más acompañada. Al final, terminé dormida a las 6 de la mañana, y con la luz prendida. 

Creo que no pondré a prueba otra vez mi coraje nocturno. Si esa película es mala y me dió miedo, no puedo me puedo con alguna que de verdad meta terror. Todavía no puedo dormir sola. 
De todas formas, por si acaso, y para la posteridad..... ¿Alguno sabe de alguna película de terror buena buena??

Besitos!

PD: Betzabé, gracias por seguirme! Eres la numero 2!!! No sé por qué no puedes comentar, quizá sea algo temporal. Un beso!

sábado, 13 de noviembre de 2010

El idiota y la idiota

Nunca me he enamorado.

En serio. Y eso que ya estoy mayorcita (todo lo mayor que los 20 años pueden ser).
Pero he querido, y me han gustado chicos. Y mucho! Por año, me gustan unos 3 chicos (es un aproximado, no siempre es así). De los cuales, 2 se me declaran, de los cuales 0 tienen algo conmigo. El otro que queda, es el que no me para (o no me da bola, como dicen en otras partes).

Y eso otro, el que no me para, es el que más me gusta. Llámenlo masoquismo, pero me pasa.

El de este año, (pongámosle... Mario), es mayor que yo por unos 3 años. Ya es graduado, y me encantaaaaaaba. Peeero, no le gusto. No sé por qué, pero no le gusto. Y me he esforzado, pero nada. Nos escribimos al cel por un tiempo (durante el cual, las 10 veces que lo hicimos, 8 le escribí yo), pero no pasó más de ahí. Yo le dije que me gustaba (si, la cagué), y ¿que hizo él? Me dijo que era muy pronto, que yo iba muy rápido.


Por lo que sé, esta pobre excusa la ponen los hombres cuando una chica no le gusta. Así que lo entendí, por fin. Yo no le gustaba, y punto. No había más nada que hacer. Se perdió la plata. Game over. No le escribí más, él tampoco a mi. Y lo veía únicamente cuando él iba a visitar a un familiar mío (que de ahí lo conozco, por medio de este familiar), y no pasábamos más allá que de una linda plática amistosa.

Y el muy desgraciado me trataba como si nada! Como si jamás yo le hubiese dicho que me gustaba... Me trataba como una amiga más cuando yo lo que quería era agarrarlo por el cabello y plantarle un buen beso. Lo odié. En serio. Como se odia a la gente a la que quieres.... Pero no estoy segura si lo quise, pero se que me gustaba muchísimo.

El punto al que quiero llegar es que... eso pues. Yo que nunca me emperro con alguien me vengo a emperrar con el que no me para. Y eso me mata. A Mario ya lo odié, ya lo lloré, ya me lo comí, ya lo escupí. Pero no lo olvidé.

Es un hecho que "Lo que quiera que sea que tengas que perseguir, va a huir".... Y eso pasó. Pensé que lo había superado... Pero hoy me di cuenta que no cuando mi primo comentó que Mario podía venir. Me puse fría. La perspectiva de verlo me hizo sonrojar y todo. Ash, lo odio. Es un idiota.

Es un idiota. Por no pararme bolas, por tratarme como si nada, por reíse como ríe y por ser como es. Y yo, idiota también porque no lo dejo ir, porque no lo olvido. Me molesta conmigo! Quiero decir, no me pudieron gustar los que si querían conmigo? Los que sí me quisieron?

Loodioloodioloodioloodioloodioloodioloodio....


Pero sé que cuando lo vea, se me va a olvidar que "lo odio", y el corazón me va a saltar como imbécil. 

Idiota él por no quererme, idiota yo por no olvidarlo.


Tipico. Si no es así no soy yo.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Como presentación....

Ejem, ejem... Se supone que debería presentarme.

Hola, soy Lucia. Estoy por la escalera de los 20 años. Estudio para matar gente, perdón, curar gente. Y me gusta leer. No, miento. AMO leer. Si existe algo como la lectura complusiva, pues eso tengo.

Soy algo complicada... Y por eso, es complicado describirme. Asi que poco a poco me iré describiendo, y me irán conociendo. Y no porque me las quiera dar de interesante (ok, tal vez un poco)... Sino porque a estas alturas de la vida me sigue costando decir quien soy. Pero tengo cosas claras! (ves, mamá? No estoy tan perdida):

1. Me gusta lo que estudio.
2. Me gustan los animales, y odio a quienes los maltratan.
3. Creo que soy adicta al café (uffff... lo dije. Me siento mejor).
4. Soy inconstante por naturaleza. Y distraida.
5. Aunque sea distraida, soy muy detallista. Y lo veo toooodooo.... Y me fijo en toooodoooo, pero me quedo callada, o me hago la loca, que es casi lo mismo.
6. SIEMPRE tengo que escuchar música. Y mis gustos son más variados que las parejas de Paris Hilton (menos el vallenato, y bachata, y el rock muuuy pesado. y otros).
7. No echo chistes. No tengo cosquillas.
8. Soy muy de familia.
9. Y soy tan cambiante que... Bueno, soy cambiante y punto.
10. Y otras cosas, muchas cosas que ahorita me da flojera poner (y que harán que el halo de misterio perdure).

¿Y por qué un blog?

Porque se me cansó la mano de escribir en un cuaderno (y porque mi hermana menor ya sabe todos los escondites del mismo). Porque mi cerebro está cansado de guardar cosas que no le contaría a nadie más. Y porque todos tenían un blog....

Y ya, me iré paseando por sus blogs esperando que tengan cosas más interesantes que contar que yo.

Besos!

Pronto sabrán de mi.